martes, 28 de octubre de 2014

Efectos especiales




ABRACADABRA

Eres tú
el que con su magia y con sus trucos
con su mira la moneda que ya ha desaparecido
ha metido mi corazón debajo de la chistera
y ha aparecido un kilo de arena 

lunes, 27 de octubre de 2014

Construcciones

El paso del tiempo ensucia las aceras, emborrona los cristales y deja un rastro de polvo sobre los muebles.

El paso del tiempo también limpia. Arrastra las tristezas hasta la orilla, para secarlas.

El paso del tiempo, destruye. Para volver a construir.

Hay días en los que soy arquitecta. Y dibujo y pienso. Emborrono cuartillas, folios, cartulinas. Aprieto la escuadra y el cartabón. Saco punta al carboncillo y diseño un plano sobre otro. Calculo estancias, dónde colocar los enchufes, metros cuadrados, escaleras, materiales térmicos para las ventanas, salidas de emergencia. A ratos, me mancho las manos de cemento y construyo. Preparo la mezcla y coloco un ladrillo sobre otro. Levanto muros, tabiques, columnas. Alicato los baños y dejo puestos las baldosas del suelo. Me restriego el sudor de la frente con las manos sucias y me limpio la arena en la parte trasera del pantalón. 

Construyo y construyo. De la mañana a la noche. Y en la noche, sueño. 

(...) Hay días para decorar. Pienso en colores, texturas, en alfombras suaves, en luces de ambiente, copas de vino, edredones, tu ropa en mi armario, toallas, cepillos de dientes, librerías llenas y sofás de invierno. Tú dentro de mi. Nosotros, la construcción. Sin planos, sin medidas, sin plazos.

Nosotros cambiando muebles de lugar. Y el amor, alrededor.

Nota mental: De nuevo.

lunes, 24 de febrero de 2014

Domingos




                                              Rotos los huesos en tu abrazo,

                                        alfombra de distancia. Anhelos.

                                              Recuperar la cordura,
                                                       a base de besos.

                                              
El sol, siempre por dentro.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Miércoles

Tus manos dibujan el contorno exacto de mis pechos y
tienen la medida del hueso de mi cadera.

Tus manos hablan y discuten con mi boca. Se cobijan en el hueco de mi vientre y pasean por mi nuca.

Esas manos tuyas están hechas para tocarme.

Y nosotros aún lo estamos descubriendo.

martes, 28 de enero de 2014

Telón y abismos



Te fuiste.
Durante la hora que duró tu despedida fui guardando cada una de tus excusas en mis bolsillos. En los bolsillos de los pantalones guardé las complicaciones, en el de la camisa metí la incertidumbre y el miedo, y en las manos me quedé con el desamor. Así, con el desamor en todo su esplendor, con un desamor grande y pegajoso, con cientos de kilos de desgana que se escurrían entre mis dedos. Intenté soltarlo, dejar caer al menos una parte de esa inmensa masa, apoyarla sobre la mesa. Sacudí las manos, agité los brazos. Pero aquello no se despegó. No se movió. Qué hago ahora con todo esto, pensé. Mientras tú me ibas repitiendo en voz muy baja el decálogo completo de despedidas. Instrucciones para irse de forma limpia y sin heridas. Yo intentaba mirarte, pero aquella cosa viscosa que olía a angustia me pesaba como una losa, y mi cuerpo empezaba a resentirse por el esfuerzo.

Me senté. Apoyé aquello sobre mis rodillas y te busqué. Pero ya no estabas. Habías salido de la pequeña habitación cerrando la puerta con llave.

Allí nos quedamos, solos, el desamor y yo.
Te llamaré sin nombre, le dije. Y yo seré tan inmenso como el vacío, contestó.
                                
Así seguimos, pactando las reglas de nuestra propia batalla.




Nota mental: Quédate con todos mis besos. No caducan.

martes, 12 de noviembre de 2013

Hablamos de las máscaras.




  
Sabes esos rincones de uno mismo que siempre tienen la llave echada y las persianas siempre abajo. Esos espacios de un metro cuadrado en los que vamos acumulando, uno sobre otro, rostros de uno mismo para no encontrarlos a cada paso. Allí duermen, sin reloj ni sueño, las partes de nosotros que no queremos iluminar. Los yoes que hemos decidido ahogar, silenciar, quitar de en medio.

Puedo decirte que no me sueltes, que sin ti ya no quiero respirar. Puedo querer que sepas que no reconozco mis dedos cuando no pueden tocarte. O que sólo voy a ser capaz de entender el mundo si es colgado de tu mano.
Quizá necesito que entiendas que tu existencia es el único antídoto para el vértigo (…)

Pero nada de esto voy a decirte.
Mejor así, oculto, protegido, cobarde.


Menos mal que existen. Las máscaras.

jueves, 31 de octubre de 2013

Cualquier escena



Parece triste. O al menos preocupada. Está sentada en la última mesa, la que roza con la puerta del baño. Tiene el pelo bonito, de un color indefinido, diría que castaño, y recogido en una coleta algo despeinada. Sus ojos bailan entre la pantalla del móvil y la entrada del local. Apenas va maquillada, imagino que no lo necesita, es guapa, lo suficiente como para darse cuenta al primer vistazo. Me gusta el pañuelo que lleva al cuello, creo distinguir unas pequeñas calaveras dibujadas en la tela, ella mira el reloj, y no sonríe. De repente alza los ojos, y no distingo su color, pero se quedan fijos, inmóviles, mirando al frente. Sé que él ha entrado en la cafetería y ella parece que no respira. Su espalda llega a la mesa, se besan en las mejillas, pero yo sé que se conocen mucho más como para necesitar esos besos formales. Debe ser el público, que hay gente, y sus besos de verdad no admiten miradas ajenas. A veces ni las propias. Él se sienta dándome la espalda pero puedo ver sus manos. Se quita la chaqueta y la mira. Y la vuelve a mirar. Y la quiere con sus ojos. Y le habla sin voz, con silencio. Ella sonríe, de repente, y ríe con su boca y con sus mejillas, ríe con las manos y con su cuello. Ya no recuerda su tristeza ni su preocupación. Ya no recuerda que pensaba decirle que cuando él no está nada sirve. Que todo es muy complicado, que los vacíos son tan grandes, que el tiempo tan corto, que nada. Ya no va a decir nada. Porque él está allí y ya todo da igual.

Pago mi café y salgo del local. Pienso en el tiempo que estarán allí sentados, sonriendo. Eso es la vida, eso es vivir, me digo. Entonces yo también sonrío.