martes, 3 de septiembre de 2013

Idiomas



Le gusta la forma de sus manos. Y su textura. Sabe que puede perder sus delgados dedos entre los de él y que todo encaje. Lo sabe antes de hacerlo, le basta mirar cómo sus manos se mueven mientras habla. Cómo apuntan hacia la mesa antes de alcanzar la botella y servir más vino en las copas, cómo se abren y cierran guiadas por la intensidad de su conversación.  Las manos dicen tantas cosas como la boca, o quizá más. Los ojos también, pero tienen menos pudor. Pero las manos. Con sus dedos y sus muñecas y sus antebrazos. Ellas callan más de lo que saben.

Hay manos torpes, frías, ásperas. Manos delgadas y cargadas de huesos. Manos ligeras y otras sin tacto. Pero sus manos. Las suyas tienen el color justo para besarlas. La calidez en equilibrio con la dureza. La forma justa para agarrar un cintura y no soltarla, le fuerza necesaria para sostener una nuca camino de un mordisco en el labio. Sus manos abren caminos y cierran puertas. Hablan idiomas, bajan cremalleras y suben faldas. Sus manos son la entrada a cualquier sitio donde hace calor. Y frío.

(...) Mira sus manos mientras él saluda cordial, como si nada. Cuando ya han regresado a ser lo que son a veces.

Y entonces son los ojos, los que nada se callan, los que hablan en voz alta.




lunes, 2 de septiembre de 2013

Septiembre

Ya sabéis que ha llegado septiembre. Para quedarse, como siempre. Porque septiembre es un mes que se queda. Y ya no se marcha hasta el año que viene, cuando volvamos a quejarnos del calor, cuando comience la operación biquini y cuando abran las piscinas.

Septiembre es el compromiso. Promesas de cara al espejo con los dedos cruzados en la espalda. Porque quién aguanta el invierno con fidelidad a la causa del optimismo a cuestas. 

Septiembre llega y
ella sigue en otro sitio, haciendo de madre sin serlo, modelando comportamientos infantiles en otro idioma, haciendo nudos de corbata en pequeños cuellos de camisa y comiendo siempre a una hora menos. Está lejos porque en este puto país ya no hay sitio para nadie. Está en otro sitio conduciendo por la izquierda y  haciendo cosas que no quiere porque aquí no tiene ni un metro cuadrado para sobrevivir. Todo hipotecado, robado, desahuciado.

Vamos a montar un pequeño país para los buenos que no están, los que tienen de paseo sus maletas y sus mentes. Un país donde el esfuerzo y la capacidad muevan las opciones, donde la inteligencia sea la moneda de cambio y donde la bondad sea imprescindible para fichar cada mañana. Sin reformas laborales asesinas, sin subidas infinitas de tasas universitarias, sin caciques ni dictadores ni súbditos cobardes. 

Un país pequeño, pero de verdad. 
No sabemos qué lugar ocupará en el mapa. Pero eso no importa, ¿verdad?


Nota mental: hay muchas copas de vino que tomarse aún.

domingo, 28 de julio de 2013

Silencio y ruido

He podido pasar cientos de veces por tu lado sin mirarte. 
Rozar nuestros codos en cualquier ascensor, observar tus manos danzando entre el resto sin saber a quien pertenecen, sin entender que existes, que respiras, que estás.

He podido ver tu espalda alejarse sin notarlo, contestar a tu mirada con educación, pasa tú primero, gracias, hoy parece que refresca. 

Hemos podido hacerlo todo sin hacer nada. Habitar el mismo espacio, transitar un camino compartido, escuchar la misma música, quizá.

Vivir cerca sin saberlo.

-O saberlo desde siempre-. 

He podido tomar conciencia de ti sin querer. Por un buenos días. Por una sonrisa o por nada. Convertir tu presencia cotidiana en el café de mis mañanas. Respirar sólo por tu boca, escuchar únicamente tus sonidos.

El espacio toma tu forma. 
Te conviertes en mi alimento y sin saberlo- o sabiéndolo desde siempre- me quedo en ti.

Del silencio al ruido. 
De la nada al todo.

Nota mental: gracias por contarme cosas bellas, tan bellas como descubrirnos sin querer.



martes, 23 de julio de 2013




En la carta de besos los hay de todo tipo y sabor, te digo.
¿Los has probado todos?
Algunos.

Los besos de despedida. Concentrados y con sabor a melancolía, pueden tener un punto amargo o llevar tanto tiempo en el fuego que ya no saben a nada. Ni siquiera a fin. Esta clase de besos pueden ser eternamente largos y durar tanto tiempo como uno es capaz de recordarlos. O los besos de principio, a veces algo torpes y otras sorprendentemente sabios, pero siempre esponjosos y suaves, diminutos. En ocasiones, se juntan ambos, los que abren y los que cierran, temporalmente, la historia en la que quizá quepan otras muchas categorías, infinitas. De besos varios.

Nota mental: y los besos con sabor a luna llena. Pero a esos nos les hacen falta adjetivos, ellos son así, completos.

viernes, 19 de julio de 2013

Sin reglas




Te cuelas entre las rendijas de la ventana
Sorteas los candados, las rejas y los tejados
Te arrastras por la habitación, y te instalas en los cajones.
 
Me miras sin rostro
Abres la boca y te comes los rencores
Destruyes los retratos y los recuerdos
Asesinas los antiguos amores contrariados
Y te quedas.

Sin tiempo ni vuelta
Sin forma ni reglas.

Ahora que llegas aquí
Sin haberme notificado tu presencia
No abriré mis piernas para que salgas.

lunes, 27 de mayo de 2013

Me he quedado sin tiempo. Vuelve mañana y te beso-, me dices.




 


Esta mañana tengo las manos frías. Aún está de estreno la semana y yo me siento ya a finales. Debe ser que no estoy acostumbrada a abrigarme demasiado. Soy más de equivocarme que de saber, más de palabras que de silencios y mucho menos de otros que de mi. Viajo siempre con la cabeza en la ventana, por si alguna ráfaga de aire puede despertarme, no me gusta la falta de pasión ni los excesos de drama. No uso cepillo para el pelo, me olvido de limpiar los zapatos y odio planchar. Podría alimentarme de nueces, de uvas, de macarrones y de chocolate. Bebo cerveza pero no mucho y algún café. Me gusta el vino, el rojo y la vida. También el amor. Fui libre en otra época, cuando el reloj sólo adornaba y el calendario era para las estaciones. Pensaba poco y hacía mucho. Ahora sólo pienso y casi no hago nada. Si algo ha cambiado es eso, ahora todo tiene una causa, una consecuencia y una realidad. Y yo las busco pero casi nunca las encuentro. Porque quizá no hace falta encontrar nada, porque son ellas las que vienen a buscar a uno.

Quítame un calcetín, y otro. Sácame el pantalón y rózame con tus dedos. Pasa tus manos por mi vientre o por mi espalda. Y déjame que me beba a ratos tu boca. Y tu saliva.
Que pueda llevarme tu olor hasta mañana, para calentarme con él mis manos frías.






jueves, 23 de mayo de 2013

Nos matan



No hay derecho a tener que soportar cómo nos asesinan.
Cómo agotan nuestras vidas un día tras otro, cómo nos cargan de insultos y de golpes.

No hay derecho a tener que soportar los restos de saliva goteando en nuestra frente. 
Nuestros hijos, alimentados en nuestros vientres, huérfanos, solos.
Y sus madres muertas.



Lo que queda del naufragio, de las contusiones, de los gritos.
Cómo nos humillan mientras mantienen nuestras muñecas silenciadas con grilletes.
Un día. Y otro más.

Con sus repugnantes y patéticos cerebros de asesinos esparcidos por la habitación.

Mientras, ellas, nosotras, muertas.

Gritos en la noche. Luego, el silencio.